La mágia de Oporto, puerta de entrada al valle del Duero
Lo primero que uno siente al llegar a Oporto es la atmósfera amistosa que se siente, que se percibe, que nos rodea.

Palacio Mateus, Villa Real, Portugal
La razón primordial, al menos la generalizada, por la que los turísticas viajan al valle del Duero es por la excelente de sus vinos. Estos vinos son muy aclamados, tanto por los degustadores amateurs, hasta los grandes conocedores de la comunidad vinícola. Aún hoy la exportación de estos vinos es bastante limitada y por eso no son tan conocidos y consumidos fuera de Portugal. Para cualquier comensal que gusta de esta bebidas, una copa de Vinho Verde es absolutamente refrescante.
Rumbo a Lisboa

Torre de Belem, Lisboa
Finalmente Lisboa, una ciudad que ha cambiado mucho en las últimas décadas. El impresionante Monumento a los Descubrimientos, la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos, por supuesto, siguen siendo tan cautivadores como siempre. Pero en el resto de la ciudad, hay una verdadera sensación de calidez y positividad. La misma atmósfera amistosa que sentimos en Oporto, aunque esta es una metrópolis mayor. Los nuevos edificios dibujan el horizonte, el transporte que ha mejorado mueve mucha gente con gran facilidad. Y que hablar de su comida regional que siempre tiene algo nuevo para ofrecer. Se ha transformado en uno de sus leif motiv: el bacalao, las sardinas, y los numerosos restaurantes fabulosos, grandes o pequeños, costosos y económicos, que se encuentran en la ciudad. Desde el comedor de alta gama hasta el café más básico: la premisa es siempre la misma: ofrecer la pesca más fresca del día y dejar que el sabor hable por sí mismo.

