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El centro del mundo azteca

El pueblo mexica, conocido popularmente como los aztecas, fundaron en 1325 su capital: Tenochtitlan.

 

Una de las ciudades más populosas de la época (las cifras oscilan entre 80 y 230 mil habitantes), contaba con unas 50 mil viviendas.  En el centro había un área amurallada que albergaba a los recintos sagrados, y donde se llevaban a cabo las decisiones y eventos más destacados de la vida religiosa, política y económica azteca. A su vez, esta área era presidida por el mayor de sus edificios, el gran templo mayor, coronado con sus dos templo-pirámides. Justo en el centro de la actual Ciudad de México, a pasos del zócalo, la plaza principal, se encuentran sus ruinas, por lo que no hay excusas para dejar de visitarlo.

El Templo Mayor es un sitio relativamente pequeño, con un camino muy bien señalado que no llevará más de media hora recorrer. Pero, asegúrate de ver el museo adyacente, uno de los mejores de la ciudad.

 

 

Una breve historia de El Templo Mayor

El Templo Mayor, originalmente llamado huei teocalli en náhuatl, lengua nativa mexicana, se encuentra en pleno centro de la actual Ciudad de México. Una de las razones por los que la capital del país ha sido clasificada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.  Este es uno de los ocho sitios arqueológicos aztecas más importantes de la ciudad.

Se cuenta que la imponente construcción del Templo Mayor respondía a la representación de la visión cosmológica de los aztecas. Las primeras construcciones datan de mediados del siglo XIV, pero debemos tener en mente que fue reconstruido o intervenido seis veces. No por destrucciones o accidentes ocurridos, sino porque cada reconstrucción (o remodelación), marco los reinados de diferentes emperadores aztecas.

Después del tempo original, el segundo fue construido cuando Acamapichtli, Huitzilihuitl y Chimalpopoca reinaron entre 1375 a 1427; el tercero durante el reinado de Itzcoatl (1427-1440) y el cuarto para Axayacatl y Moctezuma I. La mayoría de las reliquias del templo datas de este cuarto periodo. Las sucesivas construcciones levantaron el quinto templo durante el breve reinado de Tizoc (1481-1486) y la sexta, y última, del período de Ahuizotl.  Hay indicios que podrían relatar que para la inauguración del sexto templo se sacrificaron miles de víctimas humanas. Existió una última intervención que coincidió durante la llegada de Hernán Cortés y los españoles, y que fue destruida casi totalmente.

 

Lo interesante, y que puede verse al visitarse, es como cada sucesiva reconstrucción se realizaba sobre la anterior, dejando casi intacta, debajo, la estructura del viejo templo. Podemos imaginarlo como una muñeca rusa. Cada una fue de mayor altura y envergadura, llegando a unos 30 metros de altura.

 

El templo tenía forma piramidal, y sobre uno de los frentes se levantaban las escalinatas que conducían a los templos ubicados en la plataforma en altura. Simbolizaban dos montañas sagradas. En el lado norte (izquierda), el Toacatepelt, donde de acuerdo a sus creencias los dioses almacenaban el maíz, y estaba asociado al dios de la lluvia Tlaloc. A la derecha, el Coatepec, o montaña de la serpiente, lugar de nacimiento del dios de la guerra, Huitzilopochtli, y donde lucho contra su hermana Coyolxauhqui. Como resultado, hay imágenes de los dioses diseminadas alrededor del templo.

 

Se dice que el Templo Mayor está situado en el lugar donde Huitzilopochtli dio la señal de que el pueblo mexicano había encontrado su tierra prometida; con el signo del aguila con una serpiente en la boca sobre los nopales (cactus).

Además del templo central, los arqueólogos también descubrieron la existencia de varias habitaciones contiguas. Uno fue el Palacio de los Guerreros del Águila, mientras que otro se dedicó al templo del Guerrero Ocelote y un tercero en homenaje a Quetzalcóatl.

Este templo azteca de enorme importancia se dedicó simultáneamente a dos dioses diferentes: Tlaloc, dios de la lluvia, y Huitzilopochtli, dios de la guerra. De hecho, incluso

En 1521, los conquistadores comenzaron a quitar las piedras del Templo Mayor, usándola en su lugar para construir su gran obra maestra católica: la Catedral Metropolitana. La colonización y reconstrucción de la ciudad a manos de los españoles llevó al Templo Mayor a ser principalmente olvidado, y literalmente enterrado.

 

Esculturas de los dioses encontradas entre las edificaciones del templo Mayor

Esculturas de los dioses encontradas entre las edificaciones del Templo Mayor. Originales dentro del Museo. Ciudad de México

 

 

Ruinas del Templo Mayor. Ciudad de México

Ruinas del Templo Mayor. Ciudad de México

El descubrimiento

Algunos de los restos del Templo mayor fueron descubiertas en excavaciones a partir del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, en el siglo XX, los arqueólogos comenzaron a encontrar algunos indicios de donde se encontraba su ubicación original. Manuel Gamio encontró la esquina suroeste del templo y Emilio Cuevas encontró una escalera en 1933, mientras que en 1948 salieron a la luz los descubrimiento de Hugo Moedano y Elma Estrada Balmori, las cabezas y ofrendas de serpientes. Todo esto confirmó que el Templo Mayor estaba situado en algún lugar a la izquierda de la catedral, en lugar de debajo de ella, como se pensaba hasta el momento.

Pero fue recién en 1978 cuando la compañía eléctrica se sopó durante unas excavaciones con el enorme monolito con un relieve de Coyolxauhqui. Esto provocó, e inició, cinco años de excavaciones, encabezadas por un arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, que requirió la destrucción de 13 edificios coloniales y finalmente nos dejó con el Templo Mayor que vemos podemos visitar.

Excavaciones posteriores han revelado cimientos piramidales superpuestos y obras de arte invaluables, muchas de las cuales ahora se exhiben en el museo en el sitio. Por suerte, los tesoros siguen apareciendo, y, en 2017 se descubrió una caja de piedra que contiene artefactos de oro azteca, justo al lado de los escalones del Templo Mayor.

 

 

La visita al tempo y al Museo

Actualmente formado por dos secciones separadas, la propia pirámide y el museo contiguo, el museo del sitio tiene ocho salas.

Durante la visita al sitio arqueológico, podrás caminar sobre las pasarelas que te llevan por los restos y desde donde se puede apreciar las diferentes etapas constructivas. Lamentablemente los restos hallados han sido muy escasos.

El museo del Templo Mayor fue construido junto al sitio, lo que hace doblemente atractiva la visita. Al albergar gran parte de los restos encontrados, el museo también cuenta con muchas recreaciones, maquetas y objetos que nos ilustran y nos ayudan a interpretar el conjunto. La visita de uno es inseparable de la otra. Son ocho salas de exhibición.  Entre los objetos exhibidos se pueden ver los monolitos de los dioses, cuchillos de obsidiana, artículos de la vida cotidiana, máscaras de jade y turquesas, cerámicas de Veracruz  y mucho más. Una colección que narra y evidencia la vida militar, política, religiosa y cultural, de la ciudad que dominó Mesoamérica antes de la llegada de los españoles.

 

Inaugurado en 1987, este museo es sin lugar a dudas, para quien relata, es una joya al que dedicar unas horas durante la visita a la Ciudad de México, en gran parte por la calidad educativa para todos los públicos.

Diseñado por el arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, el museo abrió sus puertas el 12 de octubre de 1987. El museo fue diseñado en base a la forma del Templo Mayor, por lo que tiene dos secciones: el sur, dedicado a aspectos del culto a Huitzilopochtli, como la guerra , sacrificio y homenaje, y el norte, dedicado a Tlaloc, que se centra en aspectos como la agricultura, la flora y la fauna. De esta manera, el museo refleja la visión del mundo azteca de la dualidad de la vida y la muerte, el agua y la guerra, y los símbolos representados por Tlaloc y Huitzilopochtli.

 

El museo y el sitio está abierto todos los día a excepción de los lunes. Para más precisión sobre los horarios y tarifas actualizadas te recomendamos visitar su sitio web aquí.  De martes a domingo de 9 a.m. a 5 p.m. Cerrado lunes

 

Museo del Templo Mayor

Museo del Templo Mayor

 

 

Matanza del Templo Mayor y la Noche Triste

En el momento en que Hernán Cortés tuvo que dejar la ciudad mexica para enfrentar la expedición de Pánfilo de Narváez, dejó a Pedro de Alvarado al frente de los soldados. Estos debían proteger a su prisionero Moctezuma II, su preciado cautivo, quien les aseguraba la tregua en la ciudad. Los historiadores cuentan que en esos días, Alvarado intentó terminar con una rebelión de la clase dirigente tenochca, mientras celebraban los festivales del mes Toxcatl. El hecho terminó en una masacre el 22 de mayo, donde los aliados indígenas, aprovecharon para eliminar a mujeres y niños alimentados por su odio hacia los mexica. La matanza en el templo mayor encendió la mecha final.

Al regreso de Cortés, el mismo Moctezuma II es apedreado por sus súbditos que lo acusaban de complicidad con los españoles. Tras la muerte del emperador, los señores y sacerdotes eligieron a Cuitláhuac, hermano de carácter más belicoso.

Desatado el combate entre mexicas y españoles, con sus aliados indígenas, los españoles que estaban acorralados, decidieron huir antes de la medianoche del 30 de junio de 1520. La laguna que rodeaba México-Tenochtitlan estaba repleta de canoas con mexicas armados. Una masacre de la que solo se salvarían quienes optaron por arrojar las joyas y oro para huir. Los indígenas aliados de Cortés fueron masacrados junto con la mitad de las tropas españolas. Algunos afirman que el  90% de los tesoros aztecas saqueados se perdieron esa noche.  A los sucesos de esta jornada se los conoce como la Noche Triste.

Por supuesto los españoles no cesaron su sed de gloria y oro en este intento. En mayo de 1521, comenzó el sitio de Tenochtitlán, los mexica que no murieron en el asedio, murieron de viruela, incluido su líder Cuitlahuác y su sucesor Cuauhtémoc. Finalmente, el 13 de agosto de 1521, cayó Tenochtitlán.

 

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Durante muchos años ha trabajado en la organización de viajes, con especialización en cruceros. También profesional del diseño y comunicación, fusiona en Discover Travel News sus dos pasiones. Ahora pasa gran parte de su tiempo estudiando e informándose para contar todo lo interesante, atractivo y diferente, con ideas reales y concretas, que el mundo tiene para ofrecernos.

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