Utrecht, Paises Bajos

Día de crucero: Visita de Rotterdam y Utrecht

 

Holanda, tierra de quesos, molinos, tulipanes

por Nino Ramella

 

Como ya habíamos estado en Rotterdam, espectacular ciudad que es mucho más que un gran puerto, decidimos compartir esta parada del Regal Princess también con Utrecht luego de consultar con mi amigo Henky Zwaal, nuestro asesor cuando Holanda es el tema.

No pudo ser mejor consejo. Desde poco menos de cien metros de la Terminal de Cruceros de Rotterdam tomamos el metro que nos dejó en un suspiro en la Estación Central donde tomamos el tren que sale cada quince minutos y nos dejó en Utrecht 38 minutos después. Si bien es de origen romano fue tiempo después que se convirtió en un poblado importante -hoy la cuarta de Holanda– y considerada “la” ciudad medieval.

La primera sorpresa fue la Estación Central, recientemente inaugurada. Recibe unos 88 millones de pasajeros anuales y es la de mayor tránsito del país. Su techo ondulado es el gesto más destacado de su estructura. Es obra del estudio Benthem Crowel. Los baños impecables. Eso sí, hay que oblar 0,70 euros para usarlos.

El centro histórico de Utrecht está a pasos de la Estación, aunque para llegar hay que atravesar un imponente shopping: el Hoog Catharijne. Bien pensado, aunque conmigo no funcionó. El tiempo de una parada de barco, como el de la televisión, “es tirano” con perdón del cliché.

Y fue justamente para aprovechar el tiempo que decidimos subirnos a una lancha que recorre gran parte de la ciudad por sus numerosos canales. Esperamos a tomar la que tenía parte de la embarcación sin techo, para tener más perspectivas, relatos en español y disfrutar de un muy poco habitual invitado a estas latitudes: el sol.

 

Utrecht, Paises Bajos

Utrecht, Paises Bajos. Foto Sebastián Arauz

 

El Oudegracht es uno de los canales más famosos y en él se disfrutan los muelles dobles, que en la antigüedad servían de depósito de distintas mercaderías y hoy albergan, además de a algunas compañías y también pequeñas residencias, a muchos cafés y restaurantes. Sus terrazas son perfectas para mirar y ser vistos. Los árboles (algunos de más de 200 años), los cursos de agua, los canales, la arquitectura medieval, las casas de siglos más cercanos… todo hizo de la travesía el perfecto disfrute.

Caminamos, tomamos café, sacamos fotos… y tuvimos un momento mágico. Un joven sentado en uno de los soñados puentes del centro viejo tocaba en un bandoneón una musiquita alegre. Una niña bailaba.

– Do you play tango?
– Just three or four
– Piazzolla perhaps?

Y empezó a tocar Libertango con destreza y pasión ¡Glup!. Sólo después supe que era argentino. Se llama Ezequiel Mansilla. Es de Polvorines…y nos regaló el instante más emotivo del viaje. Donde uno vaya allí esta Astor, ese marplatense (perdón la petulancia) mundial.

 

Era la hora de volver a tiempo y ver lo que nos proponíamos en Rotterdam. Volvimos al tren, pasamos por Gouda (nos salteamos el queso) y al llegar nos fuimos desde la misma Estación en un intercity (a penas una parada) a ver el nuevo mercado y las casas cubo. Apenas salimos de la Estación Blaak ambas cosas se nos presentaron a nuestros ojos.

 

Casas cúbicas en Rotterdam

Casas cúbicas en Rotterdam. Foto Sebastián Arauz

 

Interior Casas cúbicas en Rotterdam

Interior Casas cúbicas en Rotterdam. Foto Sebastián Arauz

 

 

Las casas cubo son un conjunto de unidades unifamiliares diseñadas por el arquitecto Piet Blom  en la calle Overblaak. Son 32 en total. Los techos y ventanas están en planos con un ángulo de 45 grados. Es difícil explicarlo. Hay que verlos. Y nosotros entramos a una de esas casas. Ocurre que harto de ser una curiosidad turística uno de los propietarios optó por cobrar entrada para verla. A juzgar por la interminable fila de curiosos que debe pagar 3 euros cada uno para poder entrar… no tuvo una mala idea.

Que me perdone el arquitecto, pero esa estrafalaria ocurrencia puede haberle dado renombre. Pero vivir ahí puede resultar contraindicado para el equilibrio… de todo tipo.

 

Markthall de Rotterdam

Markthal de Rotterdam, Paises Bajos. Foto Sebastián Arauz

Cruzamos una plaza y entramos al mercado Markthal, construido en 2014. Es un diseño del estudio MVRDV. Se trata del mercado cubierto más grande de Holanda. Es un espacio cerrado por un edificio de viviendas en forma de arco. Otra vez difícil de explicar. El techo abovedado que se forma en su interior es una inmensa superficie que con colores vivos refleja en una impactante gigantografía los productos que se venden en los mercados. Adentro hay de todo… verduras, pescados, quesos, frutas, embutidos, pastelería… y negocios, restaurantes, parking, un supermercado, locales de restauración… Hay que verlo,

 

 

Esta vez no fui a rendir homenaje al pie de la estatua del hijo más connotado de Rotterdam. Erasmo. Sabrá entender. De despedida y a pocos metros de donde estaba amarrado el Regal Princess, tuvimos la oportunidad de visitar el Hotel New York, otrora propiedad de la línea marítima Holland Amerika (fundada en 1896) y testigo de la partida de miles y miles de emigrantes desde el puerto de Rotterdam hacia América. Hoy sigue siendo un hotel en manos de la cadena WestCord, sin haber alterado su estética de antaño. Es como volver a los albores del SXX.

En la plaza frente al New York que bordea el río Meuse hay sugerencias alegóricas de aquellos tiempos de sueños de prosperidad. Dos chimeneas de vapores embutidas en el parque, esculturas que recuerdan equipajes de viejo diseño y leyendas con los destinos deseados.

 

 

Corriendo llegamos de vuelta al barco para escuchar esa frase que nos devuelve al sitio seguro y cómodo: welcome back.

 

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Nino es periodista y gestor cultural. Fue corresponsal durante 18 años del Diario La Nación y dirigió el Centro Cultural Victoria Ocampo (Villa Victoria) en Mar del Plata. Presidió el Ente de Cultura de la Municipalidad de Gral. Pueyrredón y el Gabinete Social del Instituto Cultural de la Prov. de Buenos Aires.

editorial@discovertravelnews.com

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